viernes, 25 de diciembre de 2009
Y lo besé otra vez, pero ya no era ayer, si no mañana. Y un insolente sol como un ladrón, entró por la ventana. El día que llegó tenía ojeras malvas, y barro en el tacón. Desnudos pero extraños nos vió roto el engaño de la noche, de la cruda luz del alba. Era la hora de huír y se fue sin decir: "llámame un día". Desde el balcón lo ví perderse en el trajín de la Gran Vía. Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido; Una vez me contó un amigo común que lo vió donde habita el olvido. La pupila archivó un semáforo rojo, una mochila, un peugeot y aquellos ojos miopes y la sangre al galope por mis venas, y una nube de arena dentro del corazón y esta racha de amor sin apetito. Los besos que perdí, por no saber decir: "TE NECESITO".
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