lunes, 11 de enero de 2010

Llega un punto de la situación en que comienzo a cansarme de las cosas. Puedo estar una semana o dos sin saber que hacer, que pensar, como seguir. Hay tantos pensamientos, palabras, personas, desiciones que cambian de lugar constantemente, cambian de forma, de colores, de sentido y se confunden en el abismo de lo invisible y lo inalcanzable, haciendo parecer lejanos a aquellos objetos que no dejo de recordar y que en verdad están acá acompañándome en todo tiempo-espacio. Objetos que vomitan maldades entre otras falsedades cansados de tanto andar, objetos que se vuelven y se van pero jamás se quedan en el mismo lugar. Es entonces que en el mareo de las vueltas, y el insomio de las luces que no dejan de girar, me confundo, me pierdo entre el color. Me dejo ver y entrever, y me alejo con dolor, me acerco, lloro, río y me enojo. Me escondo, me contento, grito y ahogo una sensación de soledad incurable. A veces intento escapar y tirarme al vacío de las respuestas pero no puedo, como si algo me tuviera atada a un mundo sin porqués que no va hacia ningún lado desde que comenzó a andar, me mantengo adherida a esas paredes. Luego, repentinamente miro a mi alrededor, porque ya no queda otra, no hay solución, es lo que me tocó y debo aceptarlo aunque no halla razón. Entonces vuelvo, aun resignada de estar así, pero no encuentro ni puertas, ni ventanas que me dejen salir, solo me queda el camino de comenzar a dejarme llevar y llevar lentamente. Lentamente y suavemente, sin darme cuenta que todo gira demaciado rápido transformándose, mientras que yo estoy en el centro de ese hurucán sin fin, siendo yo misma, sintiendo, pensando, sufriendo, riendo, pero jamás cambiando de posición, jamás cambiando de estrategia, jamás dejo de ser Yo. Es cuando comienzo a encadenarme de un futuro totalmente incierto, sin saber si mí alrededor se irá silenciosamente o me mantendrá en un centro por horas, días, semanas, meses... Pero llega un punto de la situación, de la exasperación, de la histeria de la historia que comienzo a cansarme de las cosas, que mi única manera de decir basta es cerrar los ojos y dormir, dormir, dormir y dormir, sin comer, sin hablar, sin correr, sin actuar ni pensar, ni hacer, solo dormir y soñar que en otro mundo soy mucho más feliz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario