Noté que el destino era incertidumbre. Siempre me preocupaba por saber el camino, y nunca sabía para donde correr. Entonces perdía mi tiempo y ganaba dudas inciertas, porque me detenía demasiado para "saber hacer lo correcto", y lo único que supe, es que debía seguir sin importar hacia donde, si al fin del cuento el final del camino es único. No importaba donde corriera, si iba a llegar al mismo lugar... Sabido eso empezé a disfrutar, a seguir, y a dejarme llevar, como también a dejarte ir, a dejarte atrás, a salir de ese encierro que no me permitía siquiera realizar un paso sin llorar. *Fue mirar el precipicio y lanzarme a su vacío, fue observar a la muerte y besarle la boca, fue mirar la nada, perderlo todo, y avanzar en soledad para dejar TU asqueroso mal.
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