Enseñame tus manos
No sé por qué le ganó a nuestro labio el silencio; Dame alguna excusa que nos salve, o que nos traguen siete mares... pero no me quites el coraje. Enseñame tus manos, abre las palmas que las vea, y ahora dime si aún te queda un poco de esperanza en ellas, enseñame tus manos, esas, con las que nos acariciamos y hoy nos hacemos tanto daño. No te preocupes que hoy es domingo y Dios descansa, disfrutemos del momento y de este sitio. Enseñame tus manos que las mias se han cansado de intentar coger el mundo con los puños apretados. Enseñame tus manos, esas, con las que nos acariciamos y hoy nos hacemos tanto daño.
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