Te vas a la ciudad definitiva sin mí, perdonarás que no te vaya a despedir.
La noche corta como un cristal roto y tú estarás tan triste como hermosa.
Tu luz, quemó mis naves cargadas de incertidumbre y el corazón que sobre tu mesa yo puse para cenar la noche en que nos dispusimos a saltar de la mano al precipicio.
Y yo procuraré sonreír más a menudo y acostarme a una hora prudente.
Tú me enseñaste que afuera, siempre, me está esperando una nueva mañana;
Como aquella nuestra, radiante y soleada.
Te vas a la ciudad definitiva y en Madrid quedamos huérfanos y enfermos.
Te vas a reír… pero pregunto cada noche a los fantasmas que habitan mis bares cuándo vuelves a casa.
Los días caen lentos como el polen de un árbol, cubriendo todo mi jardín de desencanto; Un sucedáneo de la vida será al fin el tiempo que he de recorrer sin ti. Y yo procuraré no suspirar tan a menudo y acostarme a una hora prudente.
Yo sé que afuera, inevitablemente, me está esperando una nueva mañana;
Lo prometiste, radiante y soleada.
Y tú procurarás cumplir con lo que has prometido, ser fuerte y devorar la manzana.
Has de pensar cada nueva mañana que un tipo a menudo piensa en ti y sonríe, aunque quizá no sean sus días más felices.
Y yo procuraré mantener la luz encendida por si se te ocurre volver de repente. Alumbrara este recuerdo incandescente el camino de vuelta, aquel que trazaron antes viejos fugitivos y nuevos amantes *
jueves, 8 de diciembre de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario