miércoles, 1 de febrero de 2012

Yo adivino el parpadeo
de las luces a lo lejos,
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos,
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La quieta calle donde el eco dijo:
Tuya es su vida, tuyo es su querer,
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errantes en las sombras
te busca y te nombra.

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