sábado, 31 de julio de 2010
Cuando herís a alguien con alguna actitud y pedís perdón, por más de lo tanto que te arrepientas de haberlo hecho, de nada sirve el perdón si no cambias dichas actitudes hirientes. ¿Para qué pedir perdón y volver a cometer el mismo error? Para eso ni siquiera dispongas en esforzarte a pedirlo. Por que las historias se repiten, una y otra vez hasta que uno mismo la cambie. Y el arrepentimiento no es lo mismo que el perdón. El arrepentimiento es cambiar de opinión con respecto a algún hecho cometido, y pedir perdón significa cambiar la actitud, para no tener que volver a arrepentirse por los hechos ya llevados a cabo. Por otra parte, perdonar es algo extremadamente difícil. Perdonar para muchos es borrar las heridas como si nunca hubieran estado ahí, y volver atrás sin importar si esa persona cambio las actitudes que los lastimaron. En una síntesis, perdonar es olvidar la traición, el dolor, la ira y el rencor, además de olvidar que pueden volver a aparecer, es dar una chance a tropezarse con el mismo escalón o a seguir abriendo la herida. Para mí perdonar no es así. Perdonar es dar una oportunidad de cambio a quien hirió, perdonar es aceptar el arrepentimiento por lo mal que estuvo la otra persona. Perdonar abre las puertas a que el otro deseche lo negativo y mentiroso que hay en el. Aun así, aun después de perdonar, la mayoría de las veces nada vuelve a ser igual, La persona puede cambiar, pueden borrarse las heridas, pero el recuerdo de la traición o de la mentira JAMAS. Siempre recordaras como te lastimaron, como te fallaron. Y la confianza que se construyó durante un trayecto despejado, se llena de piedras con la llegada de la mentira, piedras que tardaran años si es necesario en largarse de ahí. La confianza así es, profunda y fuerte, pero fugaz, porque la mentira es mucho más poderosa. Tarda en llegar, pero lo que se creó con granitos de arena de confianza en días, años, meses o tal vez años, puede destruirse con solo un minuto de la imponente mentira. Confía, perdoná, pedí perdón y arrepentite, pero hace que valga la pena. Ninguno de los anteriores verbos tienen sentido si además no te impones el de Cambiar.
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